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El arte de explorar

Noble desafío. Diseñada por y para arquitectos, el desarrollo del proyecto fue una experiencia dedicada a la poesía y a la investigación.

24 de julio de 2010 a las 12:02 a. m.
Roger Berta
El arte de explorar
De hormigón visto, acero y vidrio. Casa destinada a una familia joven que refleja los valores domésticos como sentimientos de bienestar, tranquilidad y descanso (Roger Berta).

Emplazada en el corte de una pequeña montaña, abierta al norte y a la ciudad, se ubica esta casa, pensada como un juego de volúmenes yuxtapuestos. Se basa en dos prismas rectangulares, de diferentes tamaños.

Una primera caja, con frente completamente vidriado y enmarcada por muros de hormigón, sobre la que apoya otra caja yuxtapuesta, de menor tamaño, que vuela y parece estar suspendida en el aire. Casa destinada a una familia joven que refleja los valores domésticos como sentimientos de bienestar, tranquilidad y descanso.  Partes y vínculos. La planta baja es un gran ambiente único, donde se desarrolla toda la actividad social de la familia, convirtiendo al salón principal en centro o corazón de la vivienda.

Se eliminan las divisiones entre la salas de estar, salón cocina y comedor, sólo los servicios y los dormitorios están separados. No tiene un ingreso principal marcado, ni pasillos. El estar diario es el distribuidor de las estancias y el límite entre lo público y lo privado.

Desde allí nace la escalera hacia la habitación principal, que incluye -además del dormitorio- un estudio biblioteca, vestidor y baño. Todos los sectores son habitables y los pasillos se desintegran, pasando a formar parte de los espacios que conectan. Cuerpo, luz y texturas. La casa se abre hacia el jardín, hacia la luz, pero fundamentalmente hacia las vistas. Se pensó como una caja que regala a sus habitantes una panorámica de la ciudad. Se materializó casi en su totalidad en hormigón visto, acero y vidrio. Por los contrastes que hay entre los materiales elegidos, se generan superficies de diferentes texturas, entre la perfección y la rusticidad, entre el arte y la industria.

Todos los detalles constructivos están estudiados, dando individualidad a cada elemento que conforma la obra. Así la escalera de madera y acero, los lucernarios, las ventanas circulares y la chimenea, se convierten en protagonistas de su entorno.

Los muros de hormigón visto en las habitaciones para niños, ubicadas en planta baja, están perforados por ventanas circulares tipo "ojos de buey", dispuestos sin ninguna regla de orden ni de tamaño, dándole un sentido lúdico a la arquitectura, haciéndola más divertida y desestructurada, invitando a los niños a explorar el paisaje, despertando su curiosidad a través de las diferentes alturas y visuales.

Esta solución evita la entrada directa del sol del oeste, disminuyendo la irradiación solar durante el día, ya que a medida que el sol avanza, entra por los diferentes huecos.

La planta alta es un volumen puro y hermético. Cuenta con sólo una ventana de gran tamaño, con visuales de la ciudad de Córdoba y el sol del este por la mañana.

La iluminación artificial es puntal y tenue, y marca las circulaciones. Se logró mediante el uso de lámparas LED. Así, a través de los diferentes espacios se pueden vivenciar experiencias sensoriales maravillosas e incluso únicas: las sombras que se proyectan en el vidrio opalino de la raja de la planta alta permite adivinar los movimientos internos; las ventanas redondas dejan entrar la luz de la luna, para imprimir en las paredes infinidad de sombras "lunares" de diferentes follajes y texturas.