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Una revolución verde con más desafíos

El planeta demanda alimentos, fibras y combustibles. Y dentro de pocos años, la agricultura deberá suministrar un 80 por ciento de los alimentos y se le exigirá producir un 60 por ciento más, en menos superficie. 

11 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Una revolución verde con más desafíos

Al biólogo estadounidense Norman Borlaug, premio Nobel de la Paz, la historia lo recuerda como el padre de la revolución verde. Se le reconoce haber salvado a mil millones de personas del hambre por crear variedades de trigo con mayores rendimientos y resistencia a enfermedades. Fueron el soporte para llevar comida a las áreas más pobres del planeta.

Semejante tributo se conecta hoy con logros y desafíos globales muy vigentes. La población mundial crece, hay menos tierra disponible y se requiere producir alimentos para siete mil millones de personas (en 2050, serían nueve mil millones). Y eso con mayor cuidado de los recursos. Si esta meta fracasa, tal vez haya que pagarlo con más hambre o guerras.

El planeta demanda alimentos, fibras y combustibles. Y dentro de pocos años, la agricultura deberá suministrar un 80 por ciento de los alimentos y se le exigirá producir un 60 por ciento más, en menos superficie.

La aproximación a la economía y al mapa de la soja en Córdoba que realizamos en las páginas 5 a 7 remite a los 20 años del inicio de otra revolución verde: las semillas con tolerancia a herbicidas, que permitieron suprimir labranzas, economizar combustible y frenar la erosión de suelos, de la mano de la siembra directa.

En estas dos décadas, la expansión de la producción agrícola fue posible a la par de otras economías socioambientales: hubo una reducción del 37 por ciento en el uso de insecticidas por unidad de trabajo; los rendimientos mejoraron 22 por ciento, y los ingresos de los agricultores, 68 por ciento, según el Consejo Argentino para la Información y el Desarrollo de la Biotecnología (Argenbio).

Las transformaciones desde el agro en la economía de Córdoba están a mitad de camino. Muchos de los jóvenes a quienes hoy se está delegando el manejo de las empresas agropecuarias ya cuentan con formación en ingeniería o agronegocios.

No sólo se esperan renovados aportes de la tecnología (semillas tolerantes a sequía, recuperación de suelos salinos), en buena parte obtenidos por ingeniería local. El otro gran cambio por delante es de raíz empresarial: una agricultura más industrializada, capaz de atenuar los riesgos; una “vuelta al campo”, de la mano de granjas intensivas y de las integraciones productivas.