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Se apunta a un mayor consumo y a un precio más bajo

Insumo-producto: la relación hoy es rentable para el productor.

08 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
Se apunta a un mayor consumo y a un precio más bajo

"La falta de ganado vacuno va a generar de acá para adelante una presión sobre los precios. Se está diciendo que en los próximos meses el ganado vacuno va a subir un 30 por ciento, pero no sé si el mercado lo va a absorber. Cuando el índice de inflación sube por encima del 20 por ciento se empieza a distorsionar todo", advierte Carlos Di Sandro, vicepresidente de la Asociación Argentina de Productores de Porcinos (AAPP), en diálogo con La Voz del Campo. –¿Cómo está hoy la relación insumo-producto para los productores de cerdos? –La producción hoy es rentable; pero ocurre que los aumentos de precios, normalmente, son muy trabajosos. En cambio la suba de los costos viene en el diario: uno tiene que mirar la pizarra de Rosario para ver cómo está el maíz y la soja. Otro costo importante es la mano de obra, que en el último mes aumentó 30 por ciento. La energía es un rubro muy importante; en algunos casos utilizamos gas envasado que hoy tiene un costo inaccesible, y el gas natural también aumentó. El aumento de los precios nos ha servido para absorber estos aumentos de costos y mantener una rentabilidad modesta. La relación kilo de carne-kilo de maíz hoy está muy cerca de uno a 10; cuando está por debajo se pone peligroso. Hubo momentos en que el precio del cerdo valía 16 veces el del maíz. –¿Es competitivo hoy el precio interno al consumidor? –El precio del cerdo está en torno de 5,20 pesos; con un rendimiento en carne del 82 por ciento se va a 6,50 la media res. ¿El vacuno cuánto vale? Pongamos siete pesos, con un 56 por ciento de rendimiento. Da 13 pesos el kilo de la media res. O sea que estamos 6,50 contra 13 pesos. En la medida que se aumente el consumo de cerdo, las etapas comerciales van a ir bajando los márgenes, lo que carga al producto cada etapa. –¿Podría ser menor el precio en góndola de la carne porcina? –Debería tender a eso; estamos pasando por esa etapa en la que se está incorporando como hábito de consumo. Se tienen que aumentar los niveles de producción; en esta etapa habrá cosas no lógicas, pero el final es que la carne de cerdo va a ser una carne de gran consumo y de precio bajo. Es lo que pensamos que tiene que ser. –Sabemos que Brasil es un coloso. ¿Cómo están los otros países vecinos? –Hay un caso especial, que es Chile. Así como desarrolló el salmón, lo hizo con la producción porcina y hoy es un firme proveedor de Japón, el mercado más apetecible por los precios que paga. Chile se especializó en el mercado japonés, pero su desarrollo está basado en sólo dos empresas, con volúmenes muy grandes. Nuestro esquema debería mirar más a lo que hace Brasil. –A propósito de Brasil, ¿Cómo incide hoy el tipo de cambio? –Éste es un problema latente, porque es un mercado 20 veces más grande que el nuestro. Mientras el real se mantenga fuerte (en relación con el dólar), no hay ningún problema, pero frente a problemas de tipo de cambio y exceso de producción en Brasil, inunda el mercado argentino. Con que le sobre el cinco por ciento, es toda la producción nacional. Si llegara a devaluar Brasil sería un gran problema. –¿Cómo ve el armado de pequeños criaderos en chacra de productores agrícolas? –Mientras sean intensivos, le veo buen futuro. Lo que no tiene futuro de ninguna manera es la producción a campo. Si es bajo galpón, pueden ser unidades más chicas, y a éstas les aconsejo que se integren. Si hay seis o siete unidades chicas, se integren para todo lo que sea el asesoramiento técnico o genético, producción de alimentos, nutrición y comercialización. Para eso, en Pormag tenemos las puertas abiertas para comercializar la producción. –¿Cómo ve las perspectivas de largo plazo? –No hay ninguna duda de que la producción de cerdos tiene una perspectiva muy positiva; también la tiene el vacuno, la avicultura. Para los productos alimenticios no van a faltar mercados. Miremos el caso brasileño o uruguayo, que tienen objetivos definidos. La Argentina debería fijar como política de Estado la producción de alimentos y su transformación con mayor valor agregado.

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