Los precios llegaron para quedarse
A medida que pasen los meses, se irá tomando conciencia de que esta escasez y estas buenas cotizaciones perdurarán en el tiempo. Ignacio Iriarte.
A medida que pasen los meses, que la oferta de hacienda siga baja y la capacidad de hacer daño (sobre los ganaderos) vaya perdiendo peso, la retención se generalizará.
Está claro que los "ganadores" de estos dos últimos años fueron los feedlots y frigoríficos, subsidiados o protegidos con hacienda barata; pero ahora han caído en desgracia y los que fueron antes perjudicados por todos los medios (los ganaderos, criadores especialmente) tienen ahora una revancha inesperada, con precios hasta ciento por ciento superiores a los de cinco meses atrás. El costo de la intervención "destructiva" ha sido de 10 a 11 millones de cabezas, el stock entero, por ejemplo, del Uruguay.
La escasez estructural de carne, entonces, puede moderarse cuando más adelante salga todo lo que se está encerrando o engordando en el campo.
Gran parte de lo que en años anteriores ha engordado el feedlot , este año lo harán los ganaderos, muchos de los cuales tienen grano y tienen la hacienda, hoy el insumo más crítico.
Pero a medida que pasen los meses, se irá tomando conciencia de que esta escasez y estos buenos precios han venido para quedarse, y si el clima acompaña, la combinación de mejores expectativas con la entrada en escena de una camada mucho menor de terneros, puede dar lugar hacia fines del segundo semestre a una reversión clara del ciclo de liquidación. Campo sobra, y la relación carne/grano no tiene antecedentes.
El nuevo peso mínimo de faena, de 300 kilos a partir de mañana, puede dar lugar a una reducción adicional de la oferta. Para los feedlots , es un incremento que limita su potencial, especialmente en el caso de la hembra que se engrasa en la mayoría de los casos antes de ese peso.
Los corrales corren el peligro de llegar al mercado con un animal que cumpla con la disposición oficial (con un costo por kilo mayor), pero que sea castigado en el precio por su exceso de grasa.
Para miles de ganaderos pastoriles, a los que ya les cuesta llegar con una vaquillona gorda a los pesos mínimos actuales, los 300 kilos los obliga a producir un animal de 320 a 330 kilos a la salida del campo, habida cuenta del mayor desbaste que tiene el ganado engordado sobre pastura o campo natural, aún en el caso de que se ha racionado.
Muchos ganaderos chicos no llegarán a terminar la hacienda a este nuevo peso de faena y deberán vender como invernada o para cría.
El productor que no logre llegar ahora al peso requerido, ya no lo hará con la llegada del invierno y el achicamiento de los campos, por lo que deberá dejar para mucho más adelante la venta como gordo. En el caso de la ternera o vaquillona, la venderá como "vaquita" o como vaca, con un descuento en el precio.
Puede especularse con que la apuesta del Gobierno es a que toda la hacienda que no salga ahora se oferte más adelante, más pesada y toda junta. Y que, entonces, se constituya una masa crítica capaz de hacer caer (por unos meses) el precio del ganado.
Como apuesta, luce muy peligrosa, porque en el corto plazo sólo traerá una nueva caída de la oferta de la hacienda que más le duele a la demanda de consumo. Y porque más adelante puede deprimir coyunturalmente el precio del ganado, pero no el precio de la carne al mostrador.
Con volúmenes comercializados mucho más chicos, los minoristas no querrán resignar un peso de margen y bajará el valor de la media res mayorista y del ganado, pero no el precio de los cortes al mostrador. Se trata de un clásico.