El cultivo anual desplazó al perenne
Existen numerosos trabajos que documentan el crecimiento de la superficie agrícola (principalmente soja) en detrimento de aquella destinada a la actividad ganadera.
Existen numerosos trabajos que documentan el crecimiento de la superficie agrícola (principalmente soja) en detrimento de aquella destinada a la actividad ganadera. Este desplazamiento no sólo tuvo efectos negativos directos sobre la producción ganadera, sino que a su vez presentó efectos indirectos asociados al consumo de agua.
Millones de hectáreas de pasturas perennes y pastizales que consumían agua durante el año fueron reemplazadas por cultivos anuales que, en el mejor de los casos, lo hacen durante un tercio o la mitad de ese tiempo. Se pasa de consumir anualmente entre 1500-2000 milímetros a 500 y 800 milímetros.
Las pasturas y pastizales generaban menores ingresos de agua a las napas y, en aquellos lugares o períodos en los que éstas se acercaban a la superficie, se registraba un consumo más intenso. Mientras que los cultivos anuales modificaron este balance, incrementaron el ingreso de agua, limitaron los egresos por consumo y empujaron los niveles freáticos hacia la superficie. Para analizar esta problemática, se tuvo en cuenta principalmente información del departamento Marcos Juárez. En los últimos 40 años, el departamento pasó de tener (a principios de los 1970) aproximadamente un 40 por ciento de su superficie con cultivos anuales y el resto con forrajeras perennes y pastizales, a tener actualmente cerca de 90 por ciento con los cultivos anuales. Adicionalmente, las rotaciones de cultivos agrícolas se han empobrecido, disminuyendo la proporción de gramíneas, lo que afecta no sólo el consumo de agua del cultivo actual y de los sucesivos, sino también el proceso de infiltración. Así es que entre mediados de la década de 1970 y principios de 1980, por cada hectárea de soja en el departamento se hacían 40 con gramíneas (maíz, sorgo, trigo) y 20 de maíz. En la actualidad esta relación se invirtió: se pasó a sembrar por cada hectárea de gramíneas (maíz, sorgo, trigo) y de maíz, tres y seis de soja respectivamente. A ello se le suma la merma de trigo, que ocupaba históricamente 20 por ciento de la superficie y ahora representa un escaso tres por ciento.

