Volvió la película no apta para tamberos
Cuando muchos creían que la mayor producción de leche no afectaría la comercialización, la baja en el precio de la materia prima regresó a escena. Alejandro Rollán.
Cuando muchos creían que había sido retirada de cartelera, la película más taquillera en la historia de la lechería argentina vuelve a las marquesinas. Su guión, perteneciente al género dramático, describe la situación en que una mayor producción de leche obliga a la industria a recortar los precios que perciben los productores por la materia prima. Reapareció en escena, cuando muchos creían que iba a ser desplazada por una versión mejor adaptada a las perspectivas del sector. Los buenos precios internacionales que se pagan por la leche en polvo, el dinamismo que exhibían las operaciones de comercio exterior y la apropiada cantidad de reservas de forraje realizada por los productores, formaban parte del nuevo filme que quería protagonizar la cadena láctea.En ese escenario, cada actor intentó asumir su protagonismo. En los primeros seis meses del año, la producción de leche creció 15 por ciento, camino al récord anual de más de 11.500 millones de litros, y las ventas al exterior mantuvieron su ritmo; sin embargo, las alarmas subieron a escena. La sobreproducción de leche inundó las plantas de secado para la elaboración de leche en polvo, por falta de capacidad instalada, y el excedente se desbordó hacia el mercado interno, en especial para la elaboración de quesos.La falta de inversiones en plantas de secado había truncado, una vez más, la gestación de un modelo sustentable para la cadena láctea. Actores dramáticos. Quienes afrontan el peor papel son las pequeñas industrias queseras, a quienes los stocks de mercadería las han obligado a realizar ofertas mayoristas a precios por debajo de su capacidad de pago. Entregaron al abastecimiento minorista quesos cremosos a 17 pesos el kilo, el mismo valor que hace un año, cuando pagaban por la leche 1,20 peso el litro; en mayo último, pagaron 1,55 peso. Para algunas industrias, es insostenible la posibilidad de mantener los valores actuales que abonan al productor por la leche. Sin chances de sacar al exterior la mayor producción, por falta de capacidad instalada, el precio vuelve a ser la variable de ajuste del actual sistema lechero. Una nueva frustración para los tamberos que, en un contexto inflacionario y de costos en alza, tomaron la decisión estratégica de aumentar la producción y de invertir en más tecnología.Las grandes usinas exportadoras aseguran que hoy se realizan operaciones en el mercado mundial para colocar leche en polvo a 3.700 dólares la tonelada, un muy buen precio, según lo califican; el problema es que no hay capacidad para producir.Ante el regreso al cartel de la misma película, que no resulta del agrado para la mayoría del sector, planificar la lechería del futuro es la tarea que tienen por delante la producción, la industria y el Estado.Definir cuánta leche se va a producir por año, para evitar excedentes que castiguen a los precios, es una de las propuestas que enarbolan los productores. Generar las condiciones de inversión, a través de reglas comerciales claras, es lo que pide la industria.Sólo para atender el crecimiento que se espera en las exportaciones para 2013, las empresas tendrían que invertir alrededor de 300 millones de dólares en nuevas plantas de secado de leche en polvo.Recuerdan los industriales que hace cinco años que no hay inversiones importantes en el sector. Pero no toda la leche que se destine a exportación debería ir a leche en polvo; ganar competitividad en el comercio exterior de quesos será también un desafío.En fin, habrá que comenzar a rodar una nueva película. Una buena oportunidad para que el contenido sea del agrado de todos.

