Fortaleza de las luciérnagas
Allí vivió de niño Heinrich Starhemberg, hijo de una actriz y de un príncipe austríaco.
Enrique era un niño muy sensible. A tal punto, que le provocaba mucha ternura ver al cusquito que aparece sentado a los pies de San Roque en la imagen de madera de la capilla en honor al santo, emplazada debajo del Cristo Redentor, en La Cumbre. Se trata del sagrario más antiguo y representativo de esa ciudad del valle de Punilla, situada a 96 kilómetros al noroeste de la Capital cordobesa. En ese oratorio, desde hace más de un siglo, se venera al apóstol cristiano, hijo dilecto de Montpellier (Infografía).
El pequeño –se asegura– llegaba a gimotear cuando algún cura de la Orden de Los Capuchinos –a cargo de la humilde escuela donde estudiaba– le recordaba cómo el perrito le había curado a San Roque las llagas de una infección contraída en Piacenza (Italia), durante su labor pastoral con los pobres.
A Enrique también le fascinaban las luciérnagas. Era capaz de pasar la noche en vela siguiendo el vuelo de las candelas desde el ventanal de su cuarto en la fortaleza prestada, donde vivía con su madre.
En el pueblo pocos sabían que ese chico de rostro angelical que veían pasar a caballo con sus compinches serranos, era hijo de un príncipe y una afamada actriz oriunda de Gorizia, aldea fronteriza entre Austria e Italia.
Fruto prohibido. Heinrich Starhemberg (de él hablamos) había nacido en Lucerna (Suiza) el 4 de octubre de 1934. Fue la consumación del amor prohibido entre Ernst Rüdiger von Starhemberg y Nora Gregor. Su papá, heredero de la corona de Austria, era un apuesto calavera, amigo de Adolf Hitler, vicecanciller de ese país e influyente dirigente político en la cuna de sus admirados Amadeus Mozart y Franz Schubert, entre otras glorias.
Su mamá fue la primera actriz austríaca de fama mundial. Nora había nacido en 1901 y debutó en teatro, en Viena, a los 20 años. En 1924 actuó en la película muda Michael , que abordó por primera vez la homosexualidad. Gregor, además, triunfó en Hollywood. Lo logró en la primera época del cine sonoro. También, junto a Douglas Fairbanks, conquistó en Inglaterra a los amantes de la escena.
Su talento le permitía pasar del cine al teatro, del drama a la comedia o interpretar una opereta en distintos idiomas, sin que su calidad histriónica mermara. Ese fue el mayor legado que le dejara a su hijo.
De París a La Cumbre. Cuando nació Enrique, el príncipe Ernst inició los trámites ante el Vaticano para que anulara el matrimonio con su alteza Serenísima Marie-Elisabeth, quien no podía darle descendencia. La Santa Sede le concedió el pedido el 27 de noviembre de 1937 y, una semana después, se casó con Nora Gregor en una capilla de Viena, convirtiéndola así en esposa y princesa.
Ernst terminó desencantándose con el Tercer Reich, se enemistó con el führer y al estallar la Segunda Guerra, el ministro nazi Hermann Göring ordenó incautar las propiedades del príncipe en Austria. Entonces, Starhemberg se refugió en París. Luego, cuando Francia capituló ante Alemania, se enroló en la aviación libre de Charles De Gaulle y se fue a combatir para la fuerza gala al África.
Antes de que lo hiciera, en la "Ciudad de la Luz", el magnate austríaco Fritz Mandl, presidente de Hirtenberger Patronen-Fabrik (empresa líder en armamentos y proveedor de pertrechos de Hitler) le sugirió al príncipe en problemas que pusiera a salvo a Nora y a su pequeño hijo.
Le ofreció alojarlos en el castillo que acababa de comprar en La Cumbre, Córdoba, lejos de la borrasca bélica. Ernst aceptó la propuesta y en 1940 embarcó a su mujer y al pequeño Heinrich hacia la Argentina. En la fortaleza del valle de Punilla, la bella actriz viviría un exilio dentro de otro exilio. En cambio, el pequeño Enrique descubriría el encanto de las luciérnagas, las caricias de la brisa al galopar sobre un caballo criollo y la conmovedora historia del perro que curó las llagas de San Roque.
Reducto del menemismo
La fortaleza está ubicada en San José María Escrivá 73. En los ‘90, recibió con frecuencia al entonces jefe de la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side), Hugo Anzorreguy, a Carlos Menem, Alberto Kohan y Ramón Hernández.

